"HE IDO MÁS PROFUNDO QUE A LO QUE ESTÁ EL TITANIC"
¿De qué va?
Una obsesión de James Cameron desde muchos años atrás se hace realidad con la ayuda de National Geographic, quien logra crear el Deepsea Challenge, un diseño especial marino para llegar a lo más profundo del océano, las Fosas de las Marianas.
Dirección
John Bruno, Andrew Wight, Ray Quint
Impresiones
En el año 1989, el director James Cameron comenzó a plasmar lo que era una de sus obsesiones, el fondo marino. Abyss fue una cinta submarina con la que comenzó a innovar con tecnología que llegaría en un futuro próximo. Sus constructores y arquitectos han trabajado con él desde entonces y han sido ellos, con la ayuda del equipo de National Geographic, también productor de éste producto, quienes han diseñado el Deepsea Challenge, una máquina submarina capaz de llegar a lo más profundo.
Sin embargo, no todo es tan fácil y en el documental observamos un sinfín de pruebas a escasos metros en los que los fallos se acentúan, intentando mejorar cada error o daño para incrementar poco a poco el objetivo, once mil metros de profundidad. Tal y como suena, la aventura parece interesante, pero no es del todo nueva ya que en 1951, Jacques Piccard y Don Walsh llegaron a la más inmensa profundidad durante unos minutos y fueron ellos quienes lograron dar con la suma total de metros.

Y aquí es donde llegamos al quid de la cuestión. Lo de Cameron no es más que una pataleta de su niñez, intentando igualar -o en su caso, superar- la hazaña de Piccard y Walsh, pudiendo estar mucho más tiempo en la profundidad e inspeccionar el terreno. El cineasta siempre ha querido ser más y mejor, lo lleva demostrando desde hace tiempo y no tiembla al proclamarse "el rey del mundo", aumentando su ego a límites inalcanzables. Titanic fue el logro que le dio carta blanca para inspeccionar el fondo marino y hacer uso de maquinaria que nadie tenía, pudiendo introducir cámaras en el interior del transatlántico y observar cosas que nadie antes había conseguido. El éxito de la superproducción ganadora de once oscars, le dio a Cameron el crédito necesario para subsistir por una buena temporada, invirtiendo todo lo que tenía en su proyecto personal y ésto fue lo que hizo que se planteara una cuestión importante. ¿Realmente quería seguir haciendo cine o convertirse en un aventurero? La respuesta es clara, la segunda opción. Y es aquí donde llegamos a una de las razones que han hecho temblar los cimientos dentro del mundo del séptimo arte. Su "hobby" es tan sumamente caro que para conseguir su propósito tuvo que "enrolarse" nuevamente en la dirección, por lo que "ideó" lo que sería años después su siguiente película, destructora de récords y número uno en todo el mundo, Avatar. No fue realizada con ningún cariño, no luce de un guion original ni interesante, pero se consolidó como la cinta más taquillera del mundo y Cameron logró su propósito, más dinero para su proyecto y pringar a un equipo para tenerlos a su merced, comiendo de su mano, siendo él la máxima y única estrella, sumergiéndose él solito y queriendo plantar la bandera donde otros ya la habían clavado.

El director que un día fue visionario y nos regaló las dos primeras entregas de Terminator, sabe de quien rodearse y por ellos el trío de directores del documental gozan de un lameculismo particular, tanto que parece un proyecto dirigido por el propio Cameron donde solo sale él en pantalla alabando su hazaña como algo que nadie ha logrado en el mundo, un imposible para encumbrarlo de forma que su ego explote como si haya pisado la luna antes que Neil Armstrong. ¿Y cual es el resultado? simplemente patético. Al llegar al fondo de las Fosas de las Marianas solo hay un llano enorme sin vida, apenas microscópica. Pero lo más repelente es ver y escuchar a Cameron flipar ante la nada, intentando decir frases orgásmicas para parecer que hay algo interesante en su labor e intentar que el espectador no se duerma ante uno de los documentales más aburridos de la historia. Sí, ni siquiera su intento por hacer uso de las cámaras tridimensionales del Deepsea Challenge, y que tan solo logran su efecto cuando enfocan a un par de cefalópodos, es suficiente para entretener, ya que ni siquiera hay opción de ver animales marinos.
Lo que para Cameron es un éxito, para el espectador es un fracaso y su documental no hace más que ensalzar con auto-bombo su sueño infantil. Una confirmación de que el que fuera cineasta de grandes joyas ha perdido por completo su pasión y tan solo busca con anhelo una cosa para su único beneficio, el dinero. ★★★★★
Por Dante Martín
Amante del séptimo arte y en especial de la ciencia ficción. Fan incondicional de Stanley Kubrick y Terrence Malick, pero con todo y con eso, soy capaz de disfrutar en colorines de cintas de dudosa reputación. Cantante en mis tiempos libres y apasionado del mundo del cómic. Eso si, siempre con una birra cerca.